PERFIL

Hernán Urbina Joiro. (Colombia, 1965). Médico y escritor. Ha colaborado con los periódicos colombianos El Tiempo, El Heraldo y El Universal, entre otros. Fundó las revistas Romanceros y Reumatismo. Ha publicado diversos ensayos, cuentos y crónicas. Por el libro "Entre las huellas de la India Catalina" fue elegido miembro de la Academia de la Historia de Cartagena de Indias. En abril de 2008 recibió la insignia "Nicolás Monardes" de la Sociedad de Escritores Médicos de Sevilla (España). Por su trayectoria y por el ensayo "En la Era del caduceo de Mercurio" ingresó a la Academia de Medicina de Cartagena en 2009.

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EN COLOMBIA DUELEN LOS MÉDICOS, COMO DUELEN LOS ENFERMOS

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NOTA DE BLOG

Grabado de una edición de «El médico a palos», de Moliére, publicada en 1719.

De acuerdo con Michel Foucault, la era de la «economía política», como nuevo eje del arte de gobernar, habría arrancado a partir del siglo XVIII, cuando los adalides de la política vislumbraron en la medicina un instrumento decisivo para vigilar a los pueblos, perseguir amenazas como la locura, los descarríos sexuales, e incluso perseguir a la propia delincuencia, todo como parte del fin último de controlar a la economía y a los pobladores.

Pero, tal como se escribió en una nota anterior en este blog, el enfoque económico que acabó por hacer de la medicina más un ejercicio de la política que el arte de hacer ciencia fue la creación del Managed Care —Servicios de Atención Médica Dirigida— en los años treinta en los EE.UU., que modificó radical y desfavorablemente las relaciones entre los médicos y los enfermos en el mundo occidental, particularmente desde los años ochenta. El enfoque del Managed Care define el enfoque de nuestra actual medicina y ha llevado a que los intermediarios de la salud constriñan una deplorable atención del sufrimiento humano.

Se reitera: La burocratización de unos servicios mal retribuidos y recargados ha desnaturalizado, en general, la empatía, la confianza e incluso la dignidad de los propios médicos, que después de culminar, en años, dos o tres especializaciones, resignan recibir hasta menos de siete dólares por atender a sus pacientes en países como Colombia. Así, irónicamente, resultaron «medicalizados» los propios médicos que ayudaron a «medicalizar» las economías y los pueblos desde el siglo XVIII, según Foucault.

El ataque a palos que el gobierno de Colombia ha emprendido este mes contra los médicos, intentando recortar su autonomía y hasta el propio vademécum, son también palos para los enfermos del país, que verán menguada la atención de sus dolencias y los avances contra ellas. La actitud del gobierno colombiano es una muestra más del desprecio a médicos y enfermos en esta era comercial de la medicina, que no se guarda un resquicio de compasión para nadie.

Pero el horror por esta voracidad comercial de las empresas comercializadoras de la salud, oficiales y privadas, no debe paralizarnos. Mucho daño ha hecho a la medicina y a la ética en general la impasibilidad de médicos y pacientes frente al afán de otros por sólo defender intereses económicos. La postura de la Academia Nacional de Medicina, que hizo retroceder en algo la monstruosidad decretada por el Gobierno, debe invitar a toda la sociedad a enfrentar con valentía la enfermización que se cierne sobre la propia medicina y al tiempo sobre la población entera. Hoy en Colombia duelen los médicos, como duelen los enfermos.

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