Blog de Hernán Urbina Joiro
© 2010. Claúsulas de privacidad y manejo de los contenidos.
Cartagena de Indias, Colombia.
Buscar
PERFIL

Hernán Urbina Joiro. (Colombia, 1965). Médico y escritor. Ha colaborado con los periódicos colombianos El Tiempo, El Heraldo y El Universal, entre otros. Fundó las revistas Romanceros y Reumatismo. Ha publicado diversos ensayos, cuentos y crónicas. Por el libro "Entre las huellas de la India Catalina" fue elegido miembro de la Academia de la Historia de Cartagena de Indias. En abril de 2008 recibió la insignia "Nicolás Monardes" de la Sociedad de Escritores Médicos de Sevilla (España). Por su trayectoria y por el ensayo "En la Era del caduceo de Mercurio" ingresó a la Academia de Medicina de Cartagena en 2009.
Obras relacionadas
Envíos recientes a blogs
- ¿CUÁL BICENTENARIO?
- ROMA Y LA DIGNIDAD HUMANA
- LA TOLERANCIA COMO PROYECTO DE VIDA
- "ESCALONA COMO CENTRO DEL CÁNON VALLENATO"
- "EL HOMBRE ES SED"
- EN COLOMBIA DUELEN LOS MÉDICOS, COMO DUELEN LOS ENFERMOS
- HAITÍ MISMA DEBERÁ REFUNDARSE CANTANDO SUS DESGRACIAS PASADAS
- Muy cerca de un infierno
- HASTA SIEMPRE, CARMEN
- JURAMENTACIÓN COMO NUEVO ACADÉMICO DE MEDICINA
Inicio de sesión
Comentarios recientes
- ¿PORQUÈ NO RESPONDEN LOS CORREOS?
hace 26 semanas 5 días - BUEN ENSAYO
hace 26 semanas 5 días - EXCELENTE - NO DESCONECTEN LOS COMENTARIO
hace 26 semanas 5 días - ENHORABUENA
hace 26 semanas 6 días - No desactiven los comentarios
hace 26 semanas 6 días - de acuerdo
hace 26 semanas 6 días - EXCELENTE ANÁLISIS
hace 26 semanas 6 días - Sentido homenaje.
hace 36 semanas 6 días - de lo sagrado
hace 50 semanas 1 día - Muy bello, muy hondo
hace 1 año 1 día
En línea
DE LO SAGRADO

Nadie debería sentirse con derecho a arrebatarnos la esperanza, esperanza, por cierto, que no nos impide ser progresistas, ni elevar la voz contra la desigualdad; una esperanza que no constriñe a quedarnos paralizados o a dejar de defender los derechos humanos o a abandonar la lucha contra la corrupción; una esperanza que incluso no nos impide expresar cierta incomprensión frente a posiciones difíciles como la prohibición del condón en la lucha contra el Sida o el veto al uso de la genética para salvar vidas sin destruir otra que haya empezado.
«Hoy estarás conmigo en el paraíso», dijo Jesús al ladrón que puso en él su última confianza de cara a la muerte. Ningún mortal de Roma o Judea hubiese podido arrebatarle la fe a este hombre arrepentido, su última calma lejos de toda posibilidad de desmoronamiento, su confianza ya en el terreno de lo sagrado.
En verdad, ningún mortal tiene derecho a arrebatarnos la confianza en las palabras que anuncian la piedad y lo posible. Del mismo modo en que no debiéramos ir violentando por el mundo las creencias de los demás, no deberíamos permitir que nadie nos quebrante la fe en los paraísos que hay para nosotros.
Nadie debería sentirse con derecho a arrebatarnos la esperanza, esperanza, por cierto, que no nos impide ser progresistas, ni elevar la voz contra la desigualdad; una esperanza que no constriñe a quedarnos paralizados o a dejar de defender los derechos humanos o a abandonar la lucha contra la corrupción; una esperanza que incluso no nos impide expresar cierta incomprensión frente a posiciones difíciles como la prohibición del condón en la lucha contra el Sida o el veto al uso de la genética para salvar vidas sin destruir otra que haya empezado.
Nadie debe empujarnos a abrazar la desesperanza, la oscuridad absoluta, la sin salida o el nihilismo que al tiempo empuja al anarquismo, al terror y la destrucción.
Creo, pues, en lo sagrado, que no me impide buscar el avance de la ciencia y los conceptos sociales, que no limita mis ansias de conocimiento, conocimiento humano que siempre será apenas la corteza de una naranja, puesto que el saber es infinito como Dios mismo.
Abrazo lo sagrado que evita que las reclamaciones por la dignidad humana se vuelvan indignas; lo sagrado que me aleja de lo bestial, de ser un triste eslabón de las necesidades. Abrazo lo sagrado que me permite trabajar por un mundo mejor al lado de practicantes de otras creencias, incluso de los fieles de la creencia de no creer en nada.
Creo en todos estos misterios de Dios que son, como el conocimiento mismo, en últimas inabarcables por completo, pero que generan todas las posibilidades del bien común, distintas a las de aquellos que sólo buscan destruir a otros a nombre de una supuesta divinidad.
Creo en lo sagrado que me protege y me conforta, pese a todas mis flaquezas. Y no creo por simple desesperación. Siento creer por complacencia, del mismo modo en que creo ser buen ciudadano porque me deleita ser un hombre que intenta relacionarse con el otro con humanidad.
Me acerco a lo divino al dejarme cubrir por lo sagrado que siempre me repara y me posibilita un nuevo sentido tras entender otros. Creo en lo sagrado que me libera, me sana, me protege y me bendice.
Me encomio, pues, a lo sagrado que me impide la tristeza por el triunfo ajeno y elimina toda posibilidad de complacencia por el fracaso de los demás. Me reconforto en mi propia divinidad por ser hijo de Dios y creo en su palabra que me serena sin forzarme a caer en la indiferencia.
Nadie, entonces, por fuerte que se sienta, debería molestarse en intentar despojarme de mi fe en Dios y en los paraísos que me ofrece porque mi fe está más allá de lo mortal. Mi fe es sagrada.
Comentarios
de lo sagrado
...y pensar que soy gnóstica, pero tal vez mis cincuenta y pocos años me han hecho disfrutar mucho lo que escribiste. Hoy descubrí una página muy interesante en tu blog. Me siento afortunada. Gracias